jueves, 8 de junio de 2017

Reseña: 'Manual para mujeres de la limpieza', de Lucia Berlin



  • Título: Manual para mujeres de la limpieza
  • Autora: Lucia Berlin
  • Editorial: Alfaguara
  • Páginas: 432
  • Precio: 20,90 euros
  • Sinopsis: Con su inigualable toque de humor y melancolía, Berlin se hace eco de su vida, asombrosa y convulsa, para crear verdaderos milagros literarios con episodios del día a día. Las mujeres de sus relatos están desorientadas, pero al mismo tiempo son fuertes, inteligentes y, sobre todo extraordinariamente reales. Ríen, lloran, aman, beben: sobreviven. En la lista de los más vendidos de Estados Unidos desde su publicación. Traducida a más de 14 idiomas.
  • Valoración: 9. Una maravilla.


¡Qué descubrimiento! Leer a Lucia Berlin es una gozada. Huele a verdad. Eso sí, deja un poso amargo, el de saber que no volverá a escribir (murió en 2004) y que, encima, su obra en castellano se reduce, de momento (espero), solo a la recientemente editada Manual para mujeres de la limpieza, una antología de sus relatos. Si 2016 quedará para siempre marcado en mi memoria, en lo literario, por las lecturas de las últimas obras de Felipe Benítez Reyes (El azar y viceversa) y Fernando Aramburu (Patria), tengo claro que este 2017 lo estará por este título, aunque fuese editado el año pasado.

(B.F. estaba) jadeando y tosiendo después de subir los tres escalones. Era un hombre enorme, alto, muy gordo y muy viejo. Incluso desde fuera, mientras recobraba el aliento, noté su olor. Tabaco y lana sucia, sudor rancio de alcohólico. Tenía unos ojos azules de querubín inyectados en sangre, y sonreía con la mirada. Me gustó de entrada.

Un juntaletras como yo se siente pequeño al leer a Lucia Berlin escribir algo así. Pero la satisfacción es tan grande que da igual. Podría llenar esta reseña de líneas y líneas comentando solo ese párrafo.

Algunos de los 43 relatos -aunque quizá fuese más apropiado llamarlos crónicas- son pequeñas obras de arte. Podría quedarme, por ejemplo, con Mijito, Mi jockey, Luto, Triste idiota, Mamá... Pero me parece una injusticia. Cada uno tiene algo que lo hace especial, diferente, único. Humor, melancolía, ironía, acidez, crudeza, dulzura, verdad... Transmite tanto y con una personalidad tan aplastante que uno tiene la sensación de viajar en una especie de montaña rusa a medida que va pasando las páginas. Hay frases que son auténticos mordiscos para el lector.

El de Berlin, una alcohólica inteligente y valiente que trabajó de todo para mantener a sus hijos, como bien la definía José María Guelbenzu en el diairo El Páis, es un caso peculiar. Empezó a escribir muy joven, pero a publicar tarde, ya en los últimos años de su vida. Y el reconocimiento como una narradora excepcional le llegó a finales del pasado siglo.

Han comparado su prosa con la de Proust, Chéjov, Munro o Raymond Carver. A mí me parece que la de Lucia Berlin es tan personal, tan diferente, que creo que la comparación puede llevar a quien no la haya leído todavía a equívoco. Podrá gustarle más o menos, pero lo que es seguro es que nunca antes habrá leído algo parecido.

Berlin escribe con honestidad, demostrando que en ocasiones el narrador es tan o más importante que la narración. Este libro podría considerarse una especie de biografía hacia la madurez de una mujer con una vida de lo más azarosa. Y, como decía al principio de esta reseña, huele a verdad.

Qué de cosas nos hemos perdido por no obervar. Lo decía no recuerdo quién en una reseña de este libro. Estoy totalmente de acuerdo. Es la gran certeza que me ha regalado su lectura. Y la decisión de que no estoy dispuesto a seguir perdiéndome tantas.

viernes, 26 de mayo de 2017

Reseña: 'Puntos de reflexión', de George Lakoff



  • Título: Puntos de reflexión. Manual del progresista
  • Autor: George Lakoff
  • Editorial: Península
  • Páginas: 248
  • Precio: 15,90 euros
  • Sinopsis: Con su anterior obra No pienses en un elefante George Lakoff convirtió la lingüística en el género de moda entre todos aquellos interesados en la política. Puntos de reflexión abunda en las teorías de su anterior libro y, además, se emplea a fondo en intentar desmontar uno a uno "los artificios demagógicos" de la derecha. El resultado: ideas y propuestas para articular el discruso de la izquierda moderna; un mensaje que encuentra cada vez más dificultades a la hora de llegar a los ciudadanos.
  • Valoración: 6,5. Te encantará si te gusta la política o comprenderla un poco mejor o te dedicas a la comunicación. Si no, dudo que te guste.


Acierta Ediciones Península reeditando este trabajo. La política, como la sociedad en su conjunto, está cambiando con rapidez y Puntos de reflexión, pese a estar escrito originariamente en 2006, no ha perdido su vigencia. Es más, ayuda a comprender algunos de los aspectos que caracterizan esa transformación. Porque a estas alturas dudo que alguien discuta que la comunicación se ha convertido en la herramienta principal de la actividad política y que la misma ya no se entiende sin los marcos. Es lo que este reputado lingüista llama "saber enmarcar los debates". Es el padre de una interesante teoría que sostiene que los 'frames' o marcos son estructuras mentales que le permiten al ser humano entender la realidad y, a veces, crear lo que entendemos por realidad. Afirma que los seres humanos pensamos en términos de marcos mentales y metáforas, y que cuando la información que recibimos no se ajusta a los marcos asumidos e incorporados a nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos.

"Los marcos políticos -dice- son una aplicación práctica de la ciencia cognitiva. Facilitan nuestras interacciones más básicas con el mundo: estructuran nuestras ideas y nuestros conceptos, conforman nuestra manera de razonar e incluso inciden en nuestra percepción y nuestra manera de actuar. Por lo general, nuestro uso de los marcos es inconsciente y automático; los utilizamos sin darnos cuenta".

Muchos entendidos sostienen que el triunfo de Obama se debe precisamente, en gran medida, a la aplicación de esos principios. Yo descubrí a Lakoff gracias a su No pienses en un elefante, supongo que como la inmensa mayoría de sus lectores. En él se planteaban ya los aspectos más destacados de la ciencia cognitiva y su aplicación en la política. Lo que hace en Puntos de reflexión es abundar en todo ello, sirviéndose en una serie de ejemplos e incidiendo en la importancia de los valores. Sostiene que "el pensamiento es la primera forma de activismo". "En el fondo -añade- los movimientos son valores e ideas; la organización es crucial, pero tiene que realizarse en torno a algo". Los asuntos debatidos se olvidan, pero los principios y valores detrás de éstos se mantienen, sentencia.

Enmarca o pierde. Es su máxima. O, lo que es lo mismo, que el triunfo de una opción política depende en gran parte de ganar esa batalla. Una batalla que asegura que de un tiempo a esta parte están ganando de calle los conservadores. Y a este respecto pone ejemplos aún en la memoria de todos como los conceptos 'guerra contra el terrorismo' o 'alivio fiscal'.

Se lee fácil. está correctamente escrito y estructurado, aunque en ocasiones uno tenga la sensación de se repiten ideas y reflexiones con demasiada frecuencia. Si te gusta la política y/o la comunicación, debes leerlo. En caso contrario, éste no es tu libro.

jueves, 11 de mayo de 2017

Mi primera vez

Tenía 10 años. Cursaba quinto de EGB. Era un buen estudiante. Nada empollón, pero sí es verdad me costaba menos que a la mayoría aprenderme una lección o prepararme un examen. Esa facilidad me permitía dedicar más tiempo a lo que más me gustaba entonces: jugar con mis amigos y practicar deporte. Supongo que como al 99 por ciento de los niños con esa edad. También me gustaba leer tebeos. Eso sí, nunca antes me había dado por escribir, exceptuando las parrafadas que ya soltaba en las tarjetas de felicitación, que no podían faltar en mi casa cuando llegaba la Navidad o un cumpleaños.

Todo cambió una tarde. Lo recuerdo perfectamente. Estaba sentado en el escritorio de mi habitación dándole vueltas a cómo resolver la tarea que nos había mandado nuestra profesora, la señorita Aurora: escribir un cuento. Teníamos libertad absoluta, exceptuando el límite que nos marcaba un plazo de entrega que vencía al día siguiente. Me podía el agobio. No se me ocurría nada. Estaba bloqueado, así que decidí buscar inspiración en la colección de libros que había heredado de mi hermano mayor. Y la encontré. Vaya si la encontré. El segundo que saqué de una de las estanterías fue el que se puede ver en la imagen que ilustra esta entrada: Misterio de la cueva de los lamentos. Forma parte de la colección 'Alfred Hitchcok y los tres investigadores'. Aún hoy en día es posible encontrarlo en alguna librería de viejo o en plataformas digitales donde se venden libros de segunda mano.

No lo había leído ni nadie me había hablado de él. Pero su portada fue mi salvación. Me llamó la atención el dibujo con esos tres niños descubriendo asombrados una calavera dentro de una cueva. Activó un resorte dentro mi cabeza, y mi imaginación se disparó y empezó a funcionar a gran velocidad. Especulé sobre el motivo por el que estaban allí y qué andarían buscando esos chicos. Empecé a escribir y la historia brotaba sola: los detalles, los personajes, sus nombres, los diálogos, lo que les pasaba... No leí ni una sola línea del libro, me bastó esa portada para montar la historia. Fue una experiencia maravillosa que se prolongó durante unas dos horas. El impacto fue tal que todavía hoy, más de tres décadas después, la sigo recordando como si me hubiese ocurrido ayer. Se me escaparon, incluso, un par de gritos de emoción. A mí, a ese niño tan comedido para todo como era yo por aquel entonces.

Al día siguiente entregué mi tarea -mis siete hojas escritas a mano- con orgullo. La espera después hasta que la señorita Aurora nos devolvió el relato con la nota puesta se me hizo eterna. No estoy seguro, pero creo que tardó más o menos una semana. Y ahí estaba: un 10 bien grande y dentro de un círculo rojo en la parte superior derecha de la primera hoja. Y al final un comentario corto. No recuerdo lo que decía exactamente, pero sí que me felicitaba por el resultado y me animaba a seguir escribiendo. Pocas veces me he sentido tan bien.

Como decía, han pasado mucho años de aquello. 36 para ser exactos. Para mí fue, sin duda, una de esas experiencias que dejan huella. Hice caso a la señorita Aurora y escribí más cuentos. Muchos. Sin que ella ni nadie me lo pidiese. Los guardaba todos en una carpeta azul en el fondo de un cajón. Era como mi tesoro más preciado, más íntimo. Disfrutaba haciéndolo. Como también lo era jugando al fútbol o al baloncesto.

Poco después, con 11 años, decidí que quería estudiar periodismo en Madrid. Lo tenía muy claro. Y así lo hice llegado el momento. Ya en la universidad, en segundo curso, empecé a colaborar en un diario de tirada nacional, el ABC. Apenas tenía 19 años y yo sentía que estaba viviendo un sueño. ¡¡Mi firma en artículos del ABC!! Escribía, informaba, contaba historias... Y me acordaba de doña Aurora y su consejo.

Tras casi cuatro años años allí vinieron otros periódicos: Diari de Tarragona, La Gaceta de Salamanca, La Voz de Jerez (Vocento)... Calculo que habré firmado más de 4.000 artículos, entre noticias, reportajes, entrevistas, análisis y apuntes de opinión, en mis más de cinco lustros de ejercicio periodístico. Da vértigo solo pensarlo. Y tres libros: uno secuestrado judicialmente, otro publicado y un tercero ya cocinado. Echo la vista atrás y me siento bien. Porque he hecho lo que me gusta. Me he pasado la vida escribiendo y lucharé por seguir haciéndolo. Es lo que quiero. No sé si lo hago bien, mal o regular, pero es lo que me gusta. Hay veces que no sé expresarme de otra manera. Siempre he pensado que quizá por eso me veo tan reflejado en el personaje de Unax Ugalde en una de mis películas preferidas, Báilame el agua. Como le sucede a él, un papel y un lápiz son a veces mi mejor refugio.

De vez en cuando veo a doña Aurora por Rota. Nos saludamos con cariño, hablamos y nos ponemos al día de nuestras vidas. Pero nunca he sido capaz de contarle nada de esto. Creo que debería hacerlo. Le daré también las gracias. Tampoco lo he hecho nunca.

También buscaré esa carpeta azul con mis cuentos la próxima vez que vaya a casa de mis padres. No sé si la encontraré. Ni siquiera sé si sigue existiendo. Prometo que si la encuentro, colgaré ese cuento en este blog.

martes, 2 de mayo de 2017

¿Hacia una sociedad más idiota?

Recientemente hemos podido leer en diferentes medios sobre la desaparición de la asignatura de Literatura Universal del bachillerato. Y, claro, de golpe, muchos nos lanzamos a criticar la decisión y advertir de la inminente llegada del apocalipsis. Es lo que tienen las redes sociales y la sociedad de la prisas y la desinformación en la que vivimos; una segunda lectura, más calmada nos vuelve a aportar los matices que dibujan una noticia algo diferente. Resulta que la desaparición de la asignatura no es tal realmente, sino que deja de ser optativa en segundo de bachillerato y pasa a primero. Evidencia, en cualquier caso, que no hay intención, al menos de momento, de apostar demasiado por la literatura como pilar de la educación de los jóvenes, como sucede con la filosofía

Se confirma, por tanto, que la asignatura ha quedado definitivamente relegada a un segundo plano, después de que hace tiempo ya se fusionasen en una sola los conocimientos de Lengua Castellana y Literatura. Y conviene recordar que el docente correspondiente es responsable de la comprensión lectora, de la ortografía, de la expresión, de los comentarios de texto, de los análisis sintácticos, de los conocimientos literarios... Vamos, de nada importante, por lo que se ve, para quienes tienen el poder de decisión. 

Recuerdo que no hace tanto, cuando uno cursaba BUP unas tres décadas atrás, se estudiaba Lengua Española en primero, Literatura en segundo y Lengua Española en COU. Además, quienes como yo optasen por la llamada rama de Letras podían cursar, si no me falla la memoria, Literatura Española como optativa en tercero y en COU. Todo ello sin contar con Latín, Griego y Filosofía, que también contaban con su espacio propio.

No se la han cargado de golpe; lo están haciendo poco a poco, sin que se note demasiado. Está claro que no están por la labor de enseñar a los jóvenes de hoy y de mañana a razonar. a leer, a preguntarse cosas, a analizar con espíritu crítico, porque hay quienes prefieren que se sigan dando pasos hacia una sociedad más idiota, más sumisa, menos libre. Ahí radica la importancia de la cuestión.

Hay una realidad incuestionable que tampoco debemos obviar: los jóvenes, por regla general, no sienten atractivo por la literatura. Se lo leía recientemente a un lector en una carta al director de un diario. Y no le falta razón. La sociedad actual lo impide y el sistema educativo, desde luego, no hace nada por remediarlo. Me pregunto si también cada uno de nosotros intentamos hacer algo para remediarlo o preferimos mirar hacia otro lado.

miércoles, 26 de abril de 2017

Reseña: 'Mientras escribo', de Stephen King



  • Título: Mientras escribo
  • Autor: Stephen King
  • Editorial: DeBolsillo
  • Páginas: 320
  • Precio: 9,95 euros.
  • Sinopsis: Stephen King abandona su universo literario para centrarse en su propia persona. Autobiografía selectiva de su infancia y juventud, al tiempo que ensayo sobre el arte de narrar historias. Satisfará la curiosidad de todos sus lectores por conocer las facetas privadas del autor y sus opiniones y puntos de vista acerca de la literatura, centrándose muy especialmente en todos los trucos, claves y secretos que, según él, debe dominar un novelista para atrapar el interés del lector. 
  • Valoración: 6,5. Ameno, interesante y sincero, aunque con altibajos. Fácil de leer.

Estamos ante una rareza de Stephen King. Nada que ver con el resto de su extensa obra. No es una novela fantástica ni de terror ni de ciencia ficción; es un ensayo sobre el oficio de escribir y sobre algunas de sus experiencias vitales más importantes, especialmente esos momentos que considera que, de una manera u otra, han influido en que haya acabado convertido en un 'contador de historias' que vende libros como churros. Y advierto que, antes, solo había leído de él La milla verde y Cementerio de animales. No me llamaba especialmente la atención su obra, pero debo reconocer que de un tiempo a esta parte ha empezado a hacerlo, y que, tras leer Mientras escribo, esa curiosidad ha aumentado considerablemente. Puede que más de uno pueda pensar que estamos ante un autor que no destaca precisamente por su calidad literaria, pero sabe entretener, y en ocasiones uno busca solo eso cuando abre un libro. Igual que a uno le puede gustar alternar en su dieta la cocina más elaborada con comida rápida. Y que levante la mano quien no haya pecado en alguna ocasión comiendo en un McDonald's o un Burger King.

Me ha gustado la sinceridad que desprenden sus reflexiones, cualidad, por cierto, que considera fundamental para cualquiera que quiera dedicarse al oficio de escribir. Es sincero sobre sus defectos, sus limitaciones, sus manías, sus pensamientos, los libros propios que reconoce como malos, sus problemas con el alcohol y las drogas, y cómo éstos han causado, incluso, que no recuerde cómo ha escrito varias partes de algunos de sus títulos, como Cujo... Y lo cuenta todo con un estilo aparentemente espontáneo que hace que se lea con facilidad. 

Apuesta por la historia como elemento más importante de cualquier novela. Considera que todo debe supeditarse y girar en torno al objetivo de atrapar al lector. La calidad literaria queda en un segundo plano para él. Lo reconoce sin pudor. Odia el abuso de adverbios y prefiere un lenguaje directo y sin demasiadas florituras. ¿Para qué contar algo en un párrafo de diez líneas si puede hacerse con una sola frase?, viene a decir.

Más allá de afirmaciones como éstas y de que podamos estar más o menos de acuerdo con ellas, lo cierto es que las páginas de Mientras escribo evidencian que a King le gusta lo que hace. Disfruta escribiendo, es evidente, aunque el ejercicio en ocasiones venga acompañado de sinsabores, miedos y dudas.

Entre las experiencias vitales a las que se refiere en el libro, me quedo con el atropello que sufrió y que estuvo a punto de acabar con su vida precisamente cuando estaba escribiendo este libro. Lo relata como si fuese una de sus novelas, reconociendo que fueron precisamente sus ganas de seguir contando historias las que posiblemente más le ayudaron a salir adelante.

Para los lectores españoles quizá sobre la parte en la que se refiere a los agentes literarios, una figura que apenas se lleva en este país pero que en Estados Unidos siempre se ha considerado casi imprescindible, con sus ventajas e inconvenientes. Aquí no tienen sentido, por tanto, sus consejos sobre cómo y dónde buscarlos.

A finales del pasado año salió a la venta esta nueva edición de Mientras escribo en formato bolsillo, una vez que la anterior ya llevaba un tiempo descatalogada. Es un buen momento, por tanto, para hacerse con un ejemplar y descubrir algo más de un autor que convierte en oro todo lo que escribe. Eso sí, puede que no resulte demasiado fácil de encontrar. Está muy demandado, pese a que en su día apareció sin hacer demasiado ruido. Y hoy en día es, incluso, recomendado en algunas universidades y talleres de escritura. Tengo dudas de que se apara tanto, pero entretiene y seguro que no defraudará a los seguidores de Stephen King.

miércoles, 19 de abril de 2017

'Kobane calling' y 'Dad': pequeñas obras de arte en formato cómic

Ando últimamente con los cómics. Siempre he sido aficionado, pero de un tiempo a esta parte quizá un poco más. Joe Sacco, Harley Quinn, Batman, Mafalda, TBO, Superlópez, Mortadelo y algún que otro vuelven a ocuparme agradables ratos de lectura. Pero también he descubierto el placer de buscar y conocer nuevos autores y personajes. Y entre los hallazgos más recientes me quedo, sin duda, con las obras de Zerocalcare y Nob.

'Kobane Calling' de Zerocalcare me parece sublime. Es una crónica en formato cómic sencillamente magistral. En este caso es la crónica de dos viajes del autor a Kurdistán, a la franja de Rojava, donde viven más de cuatro millones de kurdos y que se ha visto marcada también por la presencia de Estado Islámico. No tiene nada que ver con lo que nos muestran los periódicos o los telediarios.
kobane calling

Se trata, como bien recoge la sinopsis de esta obra, de la crónica de "una utopía sin igual en Oriente Medio, en el ámbito musulmán y quizá incluso en el mundo". De una lucha por la libertad sexual, social y religiosa. Y Zerocalcare la realiza con un estilo propio, único, con pasión, ironía y un humor que rebosa personalidad, consiguiendo completar una obra redonda en todos los sentidos; una pequeña obra de arte de 240 páginas de lo más divertida. Merece mucho la pena, de verdad.

Lógicamente, entre mis próximos objetivos están dos de sus obras anteriores, las dos que me constan que han salido a la venta en España de este autor italiano de cómics: 'La profecía del armadillo' y 'VIP', ambas editadas el año pasado.

Nob es quizá más ligerito, pero también me ha resultado muy divertido. En este caso lo he descubierto a través de su simpática serie 'Dad', compuesta por tres tomos. Dad es un PADRE SOLTERO que trabaja a tiempo completo cuidando a su cuatro hijas (desde una bebé hasta una joven universitaria), cada una de una madre distinta, sin descuidar su carrera de actor en paro.

Ya te puedes imaginar el juego que puede dar todo ello. Estamos de nuevo ante un planteamiento original, interesante y divertido. Y no defrauda. Hace reír, emociona y divierte a través de unos guiones transversales e inteligentes, y que en ocasiones introducen sutilmente temas con los que buena parte de la sociedad actual puede sentirse incómoda.

Las de 'Dad' son series de historias cortas y desenfadadas, repletas de ternura e ironía, que nos presentan un modelo de familia nada convencional, en el que las madres de las chicas juegan papeles de lo más dispares; lástima que aparezcan tan poco en las historias, salvo contadas excepciones.

Qué queréis que os diga, pero a mí me han enamorado tanto el italiano Zerocalcare como el francés Nob. Cada uno con su estilo, nada parecidos, pero con un denominador común: la importancia del mensaje. Ambos buscan, además de ofrecer diversión, que ejercitemos el cerebro, que reflexionemos. Encima lo hacen muy bien. Y eso, hoy en día, ya es mucho.

lunes, 17 de abril de 2017

Reseña: 'Círculos', de Manuel Ríos San Martín




  • Título: Círculos
  • Autor: Manuel Ríos San Martín
  • Editorial: Suma
  • Páginas: 424
  • Precio: 17,90 euros
  • Sinopsis: En Londres, en una sociedad hiperconectada en la que la gente vive obsesionada por la pequeña pantalla, la violencia y las redes sociales, un concursante muere en directo en un programa de televisión. Inmediatamente se convierte en trending topic mundial. ¿Podría ser intencionado? El inspector Jellineck, un policía desencantado, áspero y harto de la vida, se hace cargo de la investigación. Es el único que piensa que el incidente puede ser algo más serio de lo que parece. Patrizia, una chica en guerra con el mundo, está convencida de que es necesario hacer algo rotundo y se vincula a un grupo de jóvenes activistas que quieren cambiar el rumbo de la sociedad. Y entonces, una interferencia en la señala de televisión anuncia: "Os voy a joder la vida. A todos".
  • Valoración: 5,5. Empieza bien pero se desinfla rápido.


Esta es una de esas novelas que compras por la sinopsis. Al menos es lo que me sucedió a mí y supongo que a otros muchos que hayan apostado por ella. Es de las que invita a comprarlo. Quizá sea un ejemplo de buena mercadotecnia de libros, de cómo debe ser un resumen de apenas una decena de líneas al servicio del producto que se vende. Promete, además, una lectura interactiva, lo que supone otro ingrediente para llevártelo si te apetece leer algo nuevo y diferente.

Pero el 'zasca' no tarda en llegar. Con esto no quiero decir que sea un bodrio. No. Aunque la verdad es que tampoco es una maravilla. Se trata de una buena idea no excesivamente bien desarrollada. Entretiene, sí, pese a que hay momentos que se hace algo pesado. Da vueltas sobre las mismas ideas una y otra vez, en ocasiones de una forma demasiado evidente, tanto que uno tiene la certeza de saber lo que va a pasar después. Y, lo que es peor, cómo va a acabar todo.

Eso sí, el planteamiento, pese a todo, es interesante. Un thriller futurista, crítico con la sociedad actual, especialmente la televisión y las redes sociales, con un arranque atrevido y original, y por momentos trepidante; lástima que pierda fuerza demasiado rápido y los altibajos tras las primeras 100 páginas conviertan la lectura en una especie de montaña rusa.

Está correctamente escrito y bien estructurado. Se nota que su autor, Manuel Ríos San Martín, es guionista de televisión y conoce las técnicas para enganchar al lector. No me sorprendería, de hecho, que esta novela, cuyo éxito en internet la llevó al papel, acabe en la pequeña pantalla. O en la grande.

De los personajes me quedo con momentos del inspector Jellineck y con la joven e intrigante Patrizia, de quien borraría el final.

Ah, y lo de lectura interactiva, a medias. No esperes mucho más allá de una web en la que se amplían contenidos del libro. Nada demasiado nuevo, en definitiva. Y es una pena.